Oaxaca, inspiración que permanece
Muchas historias comienzan con una idea. La de Remedios del Bosque comenzó con una búsqueda.
Llegué a la Sierra Sur de Oaxaca con la intención de quedarme un año a aprender de mujeres y hombres medicina sobre partería, herbolaria y la relación profunda que las comunidades han construido con la naturaleza. Ese tiempo parecía suficiente para acercarme a ese mundo, pero no fue así. En ese lapso algo empezó a tomar forma en mi manera de ver la vida y entendí que la salud de las personas comienza en la salud de la tierra. El año previsto en Oaxaca se convirtió en siete años.
Ahí nacieron mis hijos, ahí eché raíces y ahí aprendí que el bienestar podía ser algo mucho más amplio y complejo de lo que al principio consideraba: una relación con el cuerpo, con la tierra, con la comunidad, con los ciclos de la naturaleza y con los conocimientos que sobreviven porque alguien los cuida.
Oaxaca tiene una manera particular de quedarse en la memoria
Recuerdo Oaxaca en sus aromas intensos, en sus sabores, en el humo, en los tonos de la tierra, pero sobre todo en las personas. Veo a Oaxaca en quienes conocen las plantas, en quienes defienden su cultura, sus derechos y su tierra. En quienes conservan saberes que no necesitan ser nuevos para seguir teniendo valor y relevancia.
Acercarme a Oaxaca significó aprender desde el respeto y la admiración sobre cultura, vegetación, ancestralidad, saberes... esta experiencia fue tranformando y moldeando mi idea del bienestar. Comprendí que bienestar no solo es cuidarnos, sino también entender de dónde viene aquello que nos cuida.

Cuando el cuidado vuelve a la tierra
Remedios del Bosque es la expresión de mi experiencia. Crear productos de cuidado personal a partir de plantas se convirtió en mi manera de compartir la idea de que es posible cuidar la piel mientras se recuerda el valor de la tierra; de que regenerar nuestra propia salud también puede ir de la mano con regenerar aquello que nos sostiene.
Detrás de cada producto existe algo que ocurrió mucho antes de él y eso es una de las cosas que Oaxaca me enseñó: tradición y belleza no tienen por qué estar separadas. Lo antiguo puede seguir siendo profundamente vigente. La sofisticación y el lujo también pueden encontrarse en lo sencillo, en lo natural, en aquello que ha sido cuidado durante mucho tiempo.
El origen que sigue inspirándonos
Aunque Remedios del Bosque ha crecido, hay lugares de los que no se ha alejado y nunca se alejará. Uno de ellos es Oaxaca, que está presente en todo momento: en la manera de mirar las plantas, en el respeto por los saberes que las rodean, en la importancia de la tierra y su regeneración, en la intención de crear productos que siempre le recuerden a quien los recibe que existe un mundo vivo detrás de ellos.
Para Remedios del Bosque el origen nunca fue solamente el punto de partida. Es una forma de hacer, de mirar, de recordar. En Oaxaca encontré mucho más que un lugar para vivir; encontré una manera de entender el cuidado y encontré mi misión de vida.